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Comentario
No cualquier escritor debuta en una publicación justo para el día del
fin del mundo como en mi caso. Esto sí que es aparecer a lo grande,
o en el mejor de los casos, desaparecer a lo grande... Algo así como
estar tocado por la nada y el infinito, o como recibirse de pozo de luz
y al mismo tiempo de abismo. Aunque lo más probable es que llegue
el 12 de agosto y amanezca igual que todos los días de la vida, con
más catástrofes o menos pulso en las sienes de la raza. Y que por mi
parte, en esta
fucking city
siga siendo un desocupado más, un tipo
que camina de noche mirando a otros tipos, cuyas vidas no están
menos desperdiciadas que la suya. Y que vuelve a casa tarde cuando
ella
está dormida, y que se pregunta si alguna vez podrá ser un
escritor en serio en la ciudad en que le tocó vivir como en una
estación existencial de su destino... ¿Acaso para alguien es más
importante el fin del mundo que su propio destino personal?
Cuando pienso en esto, sí creo en el fin del mundo, pero en el
interno. Es decir, en el modo en que se le apagan las ganas de vivir a
tantos tipos mientras otros renacen a la luz, y también que cada
Apocalipsis personal es absolutamente necesario para cualquier
inmediata forma de resurrección
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