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Comentario
Uno - Cadete
El muchacho era raro.
Él mismo lo sabía. Incluso se lo había escuchado a sus mayores —su madre, su padre,
sus tíos, los oficiales de la Academia— cuando hablaban entre ellos, asintiendo con gesto
confidencial; y no sólo una vez, sino muchas, en sus cortos dieciocho años de vida,
incluido este mismo día. Ahora, mientras vagaba solo por los vacíos campos de
entrenamiento bajo la larga y ambarina luz crepuscular, antes de regresar a su casa y a la
cena de graduación que le esperaba, admitió la singularidad... ya estuviera de verdad en
sí mismo, o, únicamente, en lo que los demás pensaban de él.
—Un muchacho raro —había oído que el Comandante de la Academia le dijo una vez
al Oficial de Matemáticas—, nunca sabes cómo reaccionará.
En casa, su familia estaría esperando su regreso... inseguros de cómo reaccionaría. No
sabrían si aceptaría su Primera Salida. ¿Por qué? Nunca les había dado un motivo para
que dudaran. Era un Dorsai de los Dorsai, su madre una Kenwick, su padre un Graeme,
nombres tan antiguos que su origen se remontaba a la misma prehistoria del Planeta
Madre. Su valor era incuestionable, su palabra, sin tacha. Había sido el primero de su
clase. Sus mismos huesos y sangre eran la herencia de una larga línea de grandes
soldados profesionales. Ninguna mancha deshonrosa mancilló jamás los nombres de
esos guerreros, no hubo nunca que quemar ninguna casa ni sus habitantes tuvieron que
esconder la vergüenza familiar bajo otros nombres, debido a algún fracaso por parte de
uno de los hijos de la familia. Y, sin embargo, dudaban
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