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EL AÑO DEL SOL TRANQUILO


 
Comentario
La chica de largas piernas era a la vez alfa y omega: ambas encarnadas en el mismo compacto envoltorio. La operación empezó cuando se detuvo ante él en una playa de Florida, quebrando su euforia; terminó cuando descubrió su inicial en una lápida, cerca de una cisterna nabatea. El lapso entre esos dos puntos fue enorme. Brian Chaney fue consciente tan sólo de un tercer símbolo cuando la descubrió: llevaba una blusa veraniega larga hasta las caderas sobre unos pantalones cortos en delta. Esto —y una ambigua expresión de reprobación— era evidente. Chaney pensó que iba a terminar pronto con ella. Cuando se dio cuenta de que la chica se dirigía hacia él, avanzaba hacia él, se sintió desalentado y deseó haber tenido tiempo de echar a correr. Cuando vio el objeto que llevaba consigo —y su sobrecubierta de color rojo brillante no admitía ninguna duda— se sintió tentado de levantarse de un salto de la tumbona y echar a correr de todos modos. Era otra torturadora. Las furias lo habían estado persiguiendo desde que abandonara Tel Aviv —desde que el libro fuera publicado—, acosándolo y gritando hereje con roncas voces de indignación. ¡A la horca con el traidor!, gritaban. ¡A la hoguera con el infiel! Observó cómo se aproximaba, poniéndose a la defensiva. Había estado relajándose al sol, medio adormilado y medio observando un jeep del servicio de correos que hacía el reparto a lo largo de la carretera que bordeaba la playa, cuando ella apareció en su línea de visión. La playa había estado vacía excepto él mismo, el jeep y las hambrientas gaviotas; los turistas de tierra adentro con sus ruidosos transistores no llegarían hasta dentro de algunas semanas. La chica caminaba decididamente por el borde de la carretera hasta que estuvo casi a su altura, y entonces giró con rapidez y cruzó una pequeña franja de maleza hasta la arena. Se detuvo tan sólo para quitarse los zapatos, y luego avanzó por la playa en dirección a él
Autor : Tucker Wilson
 
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