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Comentario
El alto y hosco suboficial vestía uniforme Imperial y llevaba su lista de comunicaciones como la vara de un
mariscal de campo. La golpeaba distraídamente contra el muslo y rastreaba al grupo de jóvenes de pie frente a él,
clavándoles una mirada de seco desdén. Desafiante.
Todo es parte del juego, se dijo a sí mismo Miles. Estaba de pie en la fresca brisa otoñal con pantaloncillos
cortos y zapatillas, tratando de no tiritar. Nada mejor para desequilibrarle a uno que estar casi desnudo cuando todo
alrededor parece listo para una de las inspecciones del emperador Gregor; aunque, para ser justos, casi todos allí vestían
como él. El suboficial que supervisaba las pruebas parecía sencillamente una multitud de un solo hombre.
Miles le midió, preguntándose qué ardides, conscientes o inconscientes, empleaba con su lenguaje corporal
para lograr ese aire de fría competencia. Había algo que aprender ahí...
- Correrán de dos en dos - ordenó el suboficial.
No parecía alzar la voz, de algún modo, ésta estaba graduada para llegar hasta el extremo de las filas. Otra treta
eficaz, pensó Miles; le recordaba esa costumbre de su padre de declinar la voz hasta un susurro cuando estaba
enfurecido. Fijaba la atención
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