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Comentario
Una hermosa mañana del mes de mayo de 182...
entraba don Blas Bustos y Mosquera, escoltado por
doce hombres a caballo, en el pueblo de Alcolote, a
una legua de Granada. Cuando le veían llegar, los
vecinos entraban precipitadamente en las casas y
cerraban las puertas a aquel terrible jefe de la policía
de Granada. El cielo ha castigado su crueldad po-
niéndole en la cara la impronta de su alma. E, un
hombre de seis pies de estatura, cetrino, de una fla-
cura que asusta. No es más que jefe de la policía,
pero hasta el obispo de Granada y cl gobernador
tiemblan ante él.
Durante aquella guerra sublime contra Napo-
león que, en la posteridad, pondrá a los españoles
del siglo XIX por delante de todos los demás pue-
blos de Europa y les asignará el segundo lugar des-
pués de los franceses, don Blas fue uno de los más
famosos capitanes de guerrillas
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