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Comentario
Hay infinitos mundos en el infinito de cada ciclo - AETH DE PLÁCITOS RELIQUAE.
Lanigan soñó el sueño otra vez y logró despertarse con un grito agudo. Se incorporó en
la cama y clavó los ojos en la oscuridad violeta que le rodeaba. Tenía los dientes
apretados y los labios contraídos en una mueca espasmódica. A su lado estaba su mujer,
Estelle, que se incorporó también. Lanigan no la miró. Aún atrapado en su sueño,
buscaba pruebas tangibles del mundo.
Lentamente, una silla cruzó su campo de visión y reapareció junto a la pared. La cara
de Lanigan se relajó ligeramente. Luego la mano de Estalle se posó en su brazo,
pretendía ser una caricia pero le quemó como lejía.
—Toma —dijo ella—. Bebe esto.
—No —dijo Lanigan—. Ya estoy bien.
—Bébelo de todos modos.
—No, de veras. Estoy perfectamente.
Ya estaba completamente libre de la pesadilla. Era de nuevo él mismo, y el mundo
tenía su apariencia habitual. Esto era muy valioso para Lanigan; no quería dejarlo ahora,
ni siquiera por la suave placidez del sedante.
—¿Fue el mismo sueño? —le preguntó Estelle.
—Sí, el mismo... No quiero hablar de ello
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