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Comentario
1.- El ser de las aguas
Graham Dean aplastó nerviosamente su cigarrillo y se
encontró con los ojos intrigados del doctor Hedwig.
–Nunca estuve tan preocupado anteriormente –dijo–. Estos
sueños son tan extrañamente persistentes. No son como las
pesadillas comunes y casuales. Parecen –sé que suena un tanto
ridículo– parecen estar planeados.
–¿Sueños planeados? Tonterías –el doctor Hedwig lanzó una
mirada desdeñosa–. Usted, señor Dean, es un artista, y por
naturaleza, de temperamento impresionable. Esta casa de San
Pedro es nueva para usted, y dice que oyó relatos
extravagantes. Los sueños se deben a la imaginación y al
exceso de trabajo.
Dean miró por la ventana hacia afuera, con el ceño fruncido en
su rostro desusadamente pálido.
–Espero que tenga usted razón –dijo en voz baja–. Pero no
puede atribuirse este semblante a los sueños. ¿O sí?
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