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Comentario
No es una exageración decir que a los esfuerzos dedicados a controlar
nuestras vidas son una cuestión recurrente en la historia del mundo, con
especial énfasis en los últimos siglos, escenario de grandes cambios en
las relaciones humanas y en el orden mundial. Esta cuestión es
demasiado intensa para discutirla aquí en su totalidad, por lo que, en
primer lugar sólo me centrare en las actuales manifestaciones de estos
esfuerzos y en sus raíces, con un ojo puesto en lo que podría llegar. Lo haré desde una perspectiva
global , sin duda el espacio en que estas cuestiones surgen.
Durante el año pasado, las cuestiones globales fueron vistas en términos vinculados a la noción de
soberanía, esto es, al derecho de las entidades políticas a seguir su propio curso,
que puede ser inofensivo o nefasto, y hacerlo sin interferencias externas. En el mundo real, las
interferencias se producen por parte de poderes extremadamente concentrados, cu-
ya sede está en EE UU. Este poder global concentrado tiene varios nombres, dependiendo de qué
aspecto de soberanía y libertad tenga uno en menee. Así, a veces se llama consenso
de Washington, o complejo Wall Street-Tesoro Público, u OTAN, o burocracia económica
internacional (la Organización Mundial de Comercio, el Banco Mundial, y el FMI), o
G-7 (los países ricos, occidentales e industriales) o G-3 o, quizás mejor G-l. Desde una perspectiva
más de fondo, podríamos describir estos poderes como un puñado de grandes
empresas -a menudo unidas por alianzas estratégicas que administran una economía global que
constituye, de hecho, una especie de mercantilismo corporativo que tiende al oligopolio en la
mayoría de sectores, abiertamente aliadas con el poder estatal en su tarea de socialización del riesgo
y el coste y para la subyugación de los elementos recalcitrantes.
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