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Comentario
Los Halperin eran una familia muy unida. Wade Smith, uno de los dos únicos
presentes que no llevaban el apellido Halperin, los envidiaba, porque no tenía familia.
Pero la envidia se sumergía en el tibio calor del vaso que tenía en la mano.
Era la fiesta de cumpleaños de Granny, su octogésimo cumpleaños, todos los
presentes, a excepción de Smith y otro hombre, se apellidaban Halperin. Granny tenía
tres hijos y una hija; todos estaban allí, y a los tres hijos, casados, les acompañaban sus
esposas. Contando a Granny eran ocho Halperin. También había cuatro miembros de la
segunda generación, o sea nietos, y como uno de ellos llevó a su esposa, sumaban trece
en total. Trece Halperin, contó Smith; incluyéndole a él y al otro extraño, un hombre
llamado Cross, eran quince adultos. Al principio de la fiesta, asistieron también otros tres
Halperin más, biznietos, pero los habían mandado a dormir temprano.
A Smith le agradaban todos, aunque ahora que los chicos estaban durmiendo, el licor
fluía libremente y la fiesta resultaba un poco ruidosa para su gusto. Todos bebían: incluso
Granny, sentada en una silla semejante a un trono, tenía en la mano un vaso de jerez, el
tercero de la noche.
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