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Comentario
Despertó y no sabía dónde estaba.
Crepitaban las llamas a unos veinte metros de distancia. El humo le picaba en la nariz y
le hacia llorar. Se oían gritos y voces de hombres.
Al abrir los ojos, vio que un trozo de plástico caía desde debajo de sus brazos, que
tenía extendidos ante él. Algo golpeó levemente sus rodillas, se deslizó piernas abajo y
cayó sobre un disco de piedra bajo él.
Estaba sentado en una silla... su silla de despacho. La silla estaba sobre el asiento de
un inmenso trono tallado en granito, y el trono sobre una plataforma redonda de piedra.
Había sobre la piedra manchas de un color oscuro, entre rojo y marrón. Lo que había
caído era una parte de la mesa sobre la que había estado apoyado después de
desmayarse.
Se hallaba al fondo de un gran edificio de gigantescas vigas y columnas de madera.
Las llamas lamían la pared avanzando en su dirección. El techo del otro extremo había
caído en parte y el humo salía por el hueco y se perdía en el viento. Pudo ver el cielo
fuera. Era negro, y luego, lejos, flameó un relámpago. A unos cincuenta metros de
distancia, había un cerro iluminado por las llamas, en cuya cima distinguió la silueta de los
árboles copudos llenos de hojas.
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