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EL DORSAI PERDIDO


 
Comentario
Soy Corunna El Man. Por fin pude hacer aterrizar la pequeña nave mensajera en el espaciopuerto de la Ciudad de Nahar, en Ceta, ese mundo grande que gira alrededor de Tau Ceti. Había logrado realizar el trayecto desde Dorsai en seis cambios de fase para transportar hasta la fortaleza de Gebel Nahar a nuestra Amanda Morgan... aquella a quien llaman la Segunda Amanda Morgan. Tengo un rango demasiado alto como para realizar tareas de piloto de una nave mensajera. Sin embargo, durante esa época me encontraba de permiso en casa. Las naves mensajeras propiedad de los Cantones Dorsai son demasiado caras como para arriesgarlas con ligereza; pero, la situación requería la presencia de un experto en contratos en Nahar de forma más rápida de lo que nadie podía llegar hasta allí con plena seguridad. Me pidieron que me encargara del problema, y yo lo había resuelto alargando al límite las posibilidades de cada cambio de fase al viajar hasta aquí. Los riesgos que corrí no parecieron molestar a Amanda. Ello no resultaba sorprendente, ya que ella era una Dorsai. Sin embargo, tampoco me habló mucho durante el trayecto; y eso era algo que, conmigo, resultaba, ciertamente, inusual. Ya que todo había sido diferente para mí después de lo de Baunpore. En la masacre que siguió al asedio, cuando finalmente los freilandeses del norte se apoderaron de la ciudad, me cortaron el rostro por simple venganza; y mataron a Else, por el único motivo de que se trataba de mi esposa. De ella no quedó nada más que un gas incandescente, que se disipó por todo el universo; y como no existía la esperanza de una tumba, nada que me hiciera regresar allí, ni sitio alguno en el que pudiera ser recordada, yo me negué a la cirugía entonces, y elegí llevar mis cicatrices como un homenaje a ella. Fue una decisión que jamás lamenté. No obstante, es verdad que con las cicatrices se produjo una alteración en la forma en que otra gente reaccionaba conmigo. Para algunos, descubrí que casi me había vuelto invisible; y casi todo el mundo parecía relajar sus impulsos naturales de mantener en privado sus secretos y preocupaciones personales. Era como si sintieran que, de algún modo, yo me encontraba más allá del punto en que podía emitir algún juicio acerca de sus penas y dolores
Autor : Dickson Gordon
 
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