 |
|
Comentario
EL ENEMIGO
Damon Knight
La nave espacial estaba posada en una esfera de roca en medio del cielo. Había un
resplandor en Draco; era el sol, a seis billones de kilómetros de distancia. En el silencio,
las estrellas no parpadeaban ni fluctuaban: ardían, frías y distantes. La estrella polar
resplandecía allá arriba. La Vía Láctea era un arco iris congelado sobre el horizonte.
En el círculo amarillo de la cámara neumática aparecieron dos figuras, ambas de mujer,
de rostros pálidos y duros detrás de los visores de los cascos. Llevaron un disco
plegable de metal a cien metros de distancia y lo montaron sobre tres altos aisladores.
Volvieron a la nave, moviéndose ágilmente de puntillas, como bailarinas, y salieron otra
vez con una abultada colección de objetos envueltos en una membrana transparente.
Sellaron la membrana al disco, y la inflaron a través de un tubo desde la nave. Los
objetos que había dentro eran artículos domésticos: una hamaca con armazón de
metal, una lámpara, un aparato transmisor y receptor de radio. Las dos mujeres
entraron en la membrana por la válvula flexible y pusieron en orden los muebles. Luego,
con cuidado, llevaron allí los últimos objetos: tres tanques con cosas exuberantes y
verdes, dentro de burbujas protectoras.
Bajaron de la nave un vehículo con forma de araña, con seis enormes ruedas infladas, y
lo dejaron montado sobre tres aisladores.
El trabajo había concluido. Las dos mujeres se detuvieron frente a frente junto a la casa-
burbuja. La mayor dijo:
- Si descubres algo, quédate aquí hasta que yo vuelva dentro de diez meses. Si no,
deja el equipo y regresa en la cápsula de emergencia
| |