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Comentario
EL FERROCARRIL,
EN CANNIS
POR
COLIN KAPP
E
L
coronel Iván Nash desea verle, señor. El coronel Belling frunció el entrecejo.
-¿Iván Nash? Creí que estaba en Cannis con las fuerzas de ocupación. De todos modos, que pase.
-¡Demasiado tarde! - dijo Nash desde la puerta -. ¡Ya estoy dentro! No puedo esperar ni hacer ceremonias
porque tengo mucho que hacer.
-¡Cuánto me alegro de verte, Iván! ¿Qué te trae por la Tierra?
- Te lo diré en seguida. Vengo por el ferrocarril de Cannis.
Belling le acercó una silla y le ofreció una copa.
- Me temo que esto y un poco al margen de este asunto. No pensé que tú te ocuparas para nada de los
ferrocarriles.
- ¿No? - dijo Nash llenando su pipa con cuidado -. De todos modos, ¿qué es lo que tú sabes sobre Cannis?
- No mucho, la verdad. Atmósfera y clima áspero, normal en la Tierra. Población equivalente a la raza
humana según la escala de Manueschen. ¡Oh, sí; y volcanes!
- Precisarnente - completó Nash -. No olvidemos los volcanes. Cannis Cuatro es un mundo joven, con una
corteza muy delgada. La actividad volcánica está muy desarrollada y en general es muy dura. Por doquier, y
en cualquier momento> aparecen cráteres de diez a doce metros de diámetro y surgen unas columnas de lava
de diez a cien metros de altura. Por eso no hay carreteras en Cannis.
-¡Pues sí que es un buen sitio - comentó Belling, volviendo a llenar los vasos.
- Buen sitio y buena gente.
Nash parecía que estaba estudiando el sitio mientras reflexionaba.
- Son co mo clavos, perversos y variables como el maldito agujero que los engendró. Teniendo en cuenta que
no hay ningún espacio llano de más de doscientos metros de diámetro en todo el condenado planeta> no se
comprende que se haya podido desarrollar una civilización y menos una capaz de lanzarse al espacio
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