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Comentario
Al atardecer, cuando la gran sombra de la villa alcanzaba la terraza, el conde Axel
abandonó su biblioteca y bajó los anchos escalones de estilo rococó que
conducían hacia las flores del tiempo. Una figura alta e imperiosa con una
chaqueta de terciopelo negro; un alfiler de corbata de oro brillaba bajo su barba a
lo Jorge V. En una de sus enguantadas manos mecía ligeramente un bastón.
Comenzó a inspeccionar las exquisitas flores de cristal, sin emoción, mientras
escuchaba los sonidos del clavicordio de su esposa, que estaba tocando un rondó
de Mozart en la sala de música. Los ecos de la melodía vibraban a través de los
translúcidos pétalos
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