Comentario
Como si fuera un retrato de Giuseppe Arcimboldo, las vaquitas, apretadas una junto a otra como un damero, van trazando el perfil de don Juan Manuel de Rosas. Apiñadas insinúan el lujoso uniforme militar, delincan el rostro adusto, la cabellera ensortijada y las largas patillas que contornean el mentón. Vacas, solo vacas. Un rostro: el del Restaurador de las Leyes que en sus duras facciones encierra una parábola que lo excede: la del matadero. Ahí donde las vacas se carnean. Ahí donde todo se carnea. Ahí donde la carnicería, como espacio y como acción, es el sustantivo y el verbo de una geografía y un tiempo.
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