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Comentario
Cuando desapareció el aburrimiento, pasó a ocupar su lugar el pánico. Esta vez llegó a
mediodía a través del Volumen 6 de Toynbee. Normalmente, un buen chapuzón y un
par de kilómetros recorridos a nado hubieran arreglado las cosas, pero era invierno.
Salió a la veranda en camiseta y dejó que el viento del lago azotara su carne.
Contempló la ciudad enterrada en nieve y la inmaculada blancura de la escena puso un
nudo en su corazón, haciéndole sentir lo que había perdido, y también a causa de su
belleza. Se agarró a la barandilla del balcón, y la frialdad del metal atemperó el calor de
las palmas de sus manos. Sus músculos reclamaban ser utilizados. Su mente
necesitaba comunicarse con otra mente. Tenía que hablar.
No se dio cuenta de la fuerza con que se había agarrado a la barandilla hasta que le
dolieron las manos. Se soltó y miró hacia abajo: catorce pisos hasta la calle, cubierta
con un sudario de nieve.
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