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| Comentario
Concluiremos este primer semestre de Antigüedades —dijo el profesor Paul
Muni— con una reconstrucción de la jornada habitual de un habitante de los
Estados Unidos de América (nombre que se daba hace quinientos años al Gran
Los Angeles) a mediados del siglo veinte.
»Nos referiremos a él como Jukes, uno de los nombres más ilustres de la
época, inmortalizado en la epopeya de las luchas entre Kallikak y Jukes. Se
acepta hoy generalmente que las misteriosas letras JU, halladas en los listines
de Hollywood Este, o en la ciudad de Nueva York como se decía entonces (por
ejemplo, JU 6-0600 o JU 2-1914), indican de algún modo una relación
genealógica con la poderosa dinastía Jukes.
»Estamos en el año de 1950. El señor Jukes, un típico "solitario" (es decir,
"soltero"), vive en un pequeño rancho a las afueras de Nueva York. Se levanta
al amanecer, se pone sus botas con espuelas, sus vaqueros, su camisa de
cuero, un chaleco gris de franela y un lazo negro. Se arma con un revólver y
sale al Bar-B-Q a prepararse un desayuno de Plancton con curry o algas
elaboradas. Puede sorprender a delincuentes juveniles o pieles rojas en su
rancho, linchando una víctima o robándole automóviles, de los que tiene un
rebaño de unos ciento cincuenta.
»A estos delincuentes los dispersa tras singular combate a puñetazos. Como
todos los norteamericanos del siglo veinte, Jukes es un individuo de fuerza
extraordinaria, capaz de aguantar y asestar golpes terribles. Pocas veces utiliza
su revólver para estos fines; reserva normalmente su uso para los ritos
ceremoniales.
»El señor Jukes acude a su trabajo en la ciudad de Nueva York montado en un
coche deportivo (una especie de automóvil abierto), o en un tranvía eléctrico.
Lee su periódico matinal, en el que aparecerán noticias como: "El
descubrimiento del Polo Norte», » El hundimiento del Titanic", "Una cápsula
espacial dirigida por el hombre logra orbitar Marte" o "La extraña muerte del
presidente Harding".
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