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Comentario
Era verano, y la región tenía su aspecto más
amable del año. El trigo estaba dorado ya, la avena
verde todavía. El heno había sido apilado en parvas
sobre las fértiles praderas, por las que ambulaba la
cigüeña con sus rojas patas, parloteando en egipcio,
único idioma que su madre le había enseñado.
En torno del campo y las praderas se veían
grandes bosques, en cuyo centro había profundos
lagos. Y en el lugar más asolado de la comarca se
erguía una antigua mansión rodeada por un
profundo foso. Entre éste y los muros crecían
plantas de grandes hojas, algunas lo bastante
amplias como para que un niño pudiera estar de pie
bajo ella. Y allí entre las hojas, tan retirada y
escondida como en lo profundo de una selva, estaba
una pata empollando
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Autor : Andersen Hans Christian |
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