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| Comentario
¿Puede conocerse el futuro? Por mucho tiempo la respuesta ha sido: no, no se puede conocer el futuro. El
comportamiento del mundo real está gobernado por «convergencias caóticas» y éstas nunca pueden ser
calculadas, excepto en casos restringidos o bajo condiciones artificiales.
Entonces, ¿cómo con tantas «imposibilidades», levantadas en el nombre de ciencia, se logró lo
imposible? Nuevos procedimientos matemáticos, engranados con un rápido y casi ilimitado procesamiento
de datos, condujo a un tipo de máquina capaz de predecir el comportamiento futuro del mundo casi
instantáneamente.
El futuro pudo conocerse.
El «entendimiento», por supuesto, no es una propiedad de las máquinas estáticas. Para «entender», una
máquina debe parecerse a un hombre en su habilidad para darse cuenta de un ambiente físico y, en base a
ello, actuar recíprocamente con él. Además, debe estar socializado. Por suerte, la computadora para
determinar convergencias caóticas ocupaba un espacio pequeño y, gracias a ello, fue puesta en el cerebro
de un robot.
El robot mismo no era muy grande: ligeramente inferior a cinco pies de alto. La caparazón de su cuerpo
era de hojas de aluminio. Su rasgos faciales eran funcionales y algo llanos, pero moldeados en semejanza a
un ser humano, en vez de la manera de la mayoría de los robots.
El pequeño robot se mantenía fresco. El cerebro omnisciente producía mucho calor para desechar, por
lo tanto necesitaba refrigerarse. Un extractor de aire, con una hélice a unas cuatro pulgadas sobre la cabeza
del robot, soplaba lejos el calor expelido.
Cuando activaron el robot, había tres personas presentes: el matemático que había resuelto cómo hacer
una computadora capaz de manejar convergencias caóticas; el diseñador del cerebro omnisciente; y el
diseñador del cuerpo del robot. El pequeño robot abrió su ojos, por decirlo así; es decir, abrió cauces a
sus sentidos y llevó la información adquirida a su socialización pre-aprendida.
La entidad del nuevo robot examinó brevemente su medioambiente. Sonrió, pues poseía tal habilidad.
Entretanto, sus tres creadores lo rodearon con ansiedad. ¿Qué diría? ¿Qué debían preguntarle? ¿Tendría
revelaciones sorprendentes que hacer?
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