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Comentario
El Raton Estelar
Fredric Brown
Mitkey, el ratón, todavía no era Mitkey en aquella época.
Era uno de los muchos ratones que vivían debajo de los tablones del suelo y
detrás del yeso de las paredes que constituían la casa del gran
Herr Professor
Oberburger, anteriormente en Viena y Heidelberg, de donde huyó para escapar a la
excesiva admiración de sus compatriotas más poderosos. Esta excesiva admiración
no se centraba en el propio
Herr
Oberburger, sino en cierto gas que había sido el
producto secundario de un desafortunado combustible para cohetes que podría
haber sido muy afortunado en otro aspecto.
En el caso, naturalmente, de que el
Professor
hubiese entregado la fórmula
correcta. Y esto... Bueno, la cuestión es que el profesor logró huir y ahora vivía en
una casa en Connecticut. Igual que Mitkey.
Un ratón pequeño y gris, y un hombre pequeño y gris. No había nada insólito en
ninguno de ellos. Particularmente, no había nada insólito en Mitkey; tenía una
familia y le gustaba el queso, y si entre los ratones hubiera miembros del Club
Rotario, él habría sido uno de ellos.
El
Herr Professor,
naturalmente, tenía sus pequeñas excentricidades. Soltero
empedernido, no disponía de nadie con quien hablar excepto él mismo, pero se
consideraba un conversador excelente y mantenía una constante comunicación
verbal consigo mismo mientras trabajaba. Este hecho, según se demostró más
tarde, era importante, porque Mitkey tenía un oído excelente y se enteraba de todos
-aquellos monólogos nocturnos. Como es natural, no los entendía. En el caso de
que pensara alguna vez en ello, únicamente pensaba que el profesor era un súper-
ratón muy grande y ruidoso que chillaba demasiado
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