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Comentario
Un día, al entrar en el Club de Billar a la hora del almuerzo, me di cuenta en seguida de
que la conversación era un poco más profunda que de ordinario. De hecho se discutía
acerca de la transmigración de las almas. Los socios eran hombres acostumbrados a
hablar de temas muy variados, desde el precio de más de una mercancía en la bolsa
de valores al mejor lugar para comprar ostras; sin embargo, las complejidades de la
vida futura de un brahmán quedaban un poco fuera de su alcance. Una mirada a
Jorkens me indicó de lo que se trataba; si se habían metido en honduras era sobre todo
para librarse de Jorkens, como alguien que, tomando el fresco en un paseo marítimo,
se adentrara en el mar para evitar ponerse al corriente de una historia demasiado larga
de contar. El motivo para desear librarse de Jorkens era, naturalmente, que alguno de
ellos tenía historias propias que contar.
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