 |
|
Comentario
Día: ordenada y abscisa del siglo. Ahora márcame un cuadrante. Tercer cuadrante si me
haces el favor. Nací en el cincuenta. Estamos en el setenta y cinco.
A los dieciséis me dejaron salir del orfanato. Llevando a la rastra el nombre que me habían
colgado (Harold Clancy Everet, y yo un crío apenas... cuántos apodos he tenido desde
entonces ; pero no te preocupes, me reconocerás por mi humareda), sobre las colinas de
East Vermont, tomé una decisión:
Yo y Pa Michaels, quien a regañadientes me había dado trabajo a pedido del Documento con
facha de Oficial con que te largan del orfelinato, manejábamos el tambo de Pa Michaels,
trece mil trescientas sesenta y dos Guernseys pías, dormidas todas en sus ataúdes
inoxidables, alimentadas y drogadas por liquido rosado que fluía por venas de plástico
transparente ( la cosa es pegajosa y te embadurna las manos) ejercitadas por impulsores
eléctricos que les hacen temblequear los músculos, ellas ni siquiera despiertas a medias, y
la leche cayendo directamente en cisternas inoxidables, Como quiera que sea. La Decisión
(una tarde cuando estaba allí en los campos como el Hombre de la Azada, exhausto al cabo
de tres horas de trabajo físico, contemplando la maquinaria del universo a través de la
niebla de la fatiga.) : con toda. la Tierra, y Marte, y los Satélites de Más Allá repletos de
gente y qué sé yo, tenia que haber algo más que esto. Decidí apropiarme de algo de todo
eso.
| |