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Comentario
A última hora de la tarde de un desagradable día de otoño, un topólogo de cuarenta
años, profesor de matemáticas en una Universidad a la que despreciaba, importunado
por sus alumnos y decepcionado por haber hecho ya todo lo importante que haría en su
vida, tropezó con un grupo de estudiantes que enarbolaban flores y pancartas. Antes de
que pudiera recuperar los libros que se le habían caído y alejarse para continuar
redactando mentalmente una memorable carta de dimisión, su mirada cayó sobre una
desaseada jovencita, y quedó irremediablemente atrapado.
Con la intención de romper el hechizo, se acercó osadamente a ella y le dijo:
- ¿No eres alumna de mi clase de topología elemental?
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