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Comentario
De alguna manera, la cosa nunca ocurrió. En realidad, no habría ocurrido si una
tormenta no hubiera estado en su punto álgido cuando los cuatro salían del cine.
Habían visto una película de terror. De terror de verdad; no una farfulla, sino algo
insidioso y sutil que hacía que el aire cargado de agua de la noche pareciera limpio y
agradable y bienvenido. A tres de ellos. Al cuarto...
Permanecieron de pie debajo del toldo, y Mae dijo:
- ¡Eh, pandilla!, ¿qué hacemos ahora, nadar o coger un taxi? - Mae era una rubia
menuda y aguda, de nariz respingona, ideal para oler los perfumes que vendía tras el
mostrador de unos grandes almacenes.
Elsie se volvió hacia los dos chicos:
- Vayamos un rato hasta mi estudio. Aún es temprano - dijo, poniendo un ligero énfasis
en la palabra «estudio». Sólo hacía una semana que lo tenía, y la novedad de vivir en
un estudio, en vez de en una habitación alquilada con muebles la hacía sentirse
orgullosa y bohemia, y un poco perversa. No habría invitado a Walter solo, por
supuesto, pero como eran dos parejas no habría ningún problema.
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