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Comentario
Cuando el acondicionador de aire fue a vivir a la cabaña de verano, era ya un trasto jadeante
y gimoteante y viejo e inservible, y pasado de moda. Los otros aparatos electrodomésticos se
sintieron tristes y preocupados, pero cuando finalmente dejó de funcionar por completo
sintieron también un claro alivio. En todo aquel tiempo nunca se habían sentido amistosos con
él... realmente nunca.
Había cinco aparatos electrodomésticos en la cabaña. El aspirador, siendo el más viejo y
además de un tipo sólido y en el que se podía confiar (era un Hoover), era su jefe, en la
medida en que puede decirse que tuvieran uno. Luego había una radio / reloj despertador de
plástico blanco (AM tan sólo), una alegre esterilla eléctrica de color amarillo, y una lámpara
extensible que procedía de una subasta de un monte de piedad y que debido a ello
especulaba, a altas horas de la noche, acerca de si aquello la hacía mejor o peor que los
demás electrodomésticos comprados normalmente en una tienda. Finalmente estaba el
tostador, un pequeño y brillante Sunbeam. Era el miembro más joven del pequeño clan, y el
único que había vivido toda su vida allí en la cabaña, puesto que los otros cuatro habían sido
traídos por su amo desde la ciudad hacía años y años y años.
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