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Comentario
Estaba yo en el Támesis pocos días después de mi regreso del país del Yann y el
reflujo de la marea me arrastraba hacia el este del Westminster Bridge, cerca del cual
había alquilado mi bote. Toda clase de objetos flotaban a mi alrededor –maderos a la
deriva y enormes botes– y estaba tan absorto en la contemplación del tránsito de ese
gran río que no advertí que había llegado a la City, hasta que miré hacia arriba y vi esa
parte del Embakment que está próxima a Go–by Street. Entonces me pregunté de
repente qué habría sido de Singanee, pues la última vez que pasé por su palacio de
marfil había tanta quietud que me hizo suponer que no había vuelto todavía. Y aunque
le había visto irse con su terrorífica lanza, y por muy extraordinario cazador de
elefantes que fuera, su demanda era espantosa, pues yo sabía que ningún otro podría
vengar a la ciudad de Perdóndaris, matando a ese monstruo de un solo colmillo que
súbitamente la había derrumbado en un solo día. De manera que amarré mi bote nada
más alcanzar los primeros escalones del embarcadero y, tomando tierra abandoné el
Embankment; a eso de la tercera bocacalle empecé a buscar el comienzo de Go–by
Street; es una calle muy estrecha, al principio apenas se distingue, mas allí está, y
pronto me encontré en la tienda del anciano. Sin embargo, un hombre joven se
inclinaba sobre el mostrador. No tenía ninguna información que darme sobre el
anciano, se bastaba a sí mismo en la tienda. En cuanto a la pequeña puerta en la
trastienda, "no existe nada parecido, señor". Así es que tuve que hablar con él y
seguirle la corriente. Tenía a la venta sobre el mostrador un instrumento para coger
terrones de azúcar de una manera distinta. Se alegró que lo mirara y empezó a
alabarlo. Le pregunté para qué servía y él me respondió que para nada, mas acababa
de ser inventado hacía sólo una semana y era completamente nuevo, y estaba hecho
de plata, y se vendía mucho. Todo el tiempo estuve escrutando el fondo de la tienda.
Cuando pregunté por los ídolos, él respondió que tenía las últimas novedades de la
temporada: un selecto surtido de mascotas. Y mientras fingía elegir una de ellas, vi de
repente la maravillosa puerta. Inmediatamente me dirigí hacia ella, seguido por el joven
tendero.
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