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Comentario
Debo aclarar en primer lugar que no soy objetivo al hablar de Fernando
Fernán-Gómez, pues es una persona por la que siento un gran afecto, no
por nuestra relación personal, que hemos tenido muy poca, sino porque
siempre he sentido su trabajo como algo cercano y entrañable para mi sen-
sibilidad.
Conocemos a F. F.-G. por su extensa obra como actor, director y escritor
a lo largo de más de medio siglo, y todos sus trabajos en esos diferentes
campos, en cine, teatro, televisión y literatura, tienen una característica
común, un toque personal y único que los unifica.
Hay un delicado humanismo en su obra, una sorpresa vigilante ante el
misterio de nuestros actos, hasta de los más cotidianos. Sus personajes
tratan, ante todo, de sobrevivir, tarea bastante titánica ya que las circun-
stancias que les rodean suelen poner aprueba su medida como seres.
Surge entonces toda su ironía y ternura por sus criaturas, ya que sus per-
sonajes no son grandes héroes trágicos que acepten gustosos su dimen-
sión heroica, sino personas normales cuya grandeza consiste en la
aceptación de sus limitaciones. Aceptación que hacen, eso sí, con mucha
dignidad, buscando siempre -por muy peculiares que sean sus circun-
stancias- el respeto propio y ajeno.
Otra de las constantes en la obra de F. F.-G. es, creo yo, el miedo. Sus
personajes están desposeídos de poder y temen -como inocentes, se sien-
ten sospechosos- al que puede ejercer ese poder sobre ellos. Y más en un
país como España, en el que -como dice el autor- siempre hay que ir con
mucho cuidado. Por eso el poder, y sus órganos representativos, será una
de las fuerzas negativas con la que sus personajes tienen que vivir.
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