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Comentario
ELEFANTE
JOSÉ ALTAMIRANO
UNO
A pesar de contar sólo ocho rebrotes desde su nacimiento, Yediel estaba presente en la Asamblea por su
privilegiada condición de sucesor. Imbuido de tan alta responsabilidad, el niño observaba con expresión
grave a Samur, su padre y actual Custodio, quien sentado con las piernas cruzadas bajo el cuerpo y el
rostro oculto tras las manos nervudas, atendía el parlamento con la concentración esperada de quien
asumiría la responsabilidad en una decisión crucial para la vida de la tribu.
Yediel se abstrajo de la letanía monótona y pausada del Destacado que hablaba en ese momento y pasó
detalle al entorno familiar de la caverna, la más pequeña de las tres que albergaba al Pueblo. Habitada
solamente por el Custodio, su familia y por el Dios, el resto de los integrantes del Pueblo se apretujaba en
las restantes, cosa que para Yediel era motivo de envidia. Es que la caverna del Custodio era más difícil de
calentar y la vida se tornaba mortalmente aburrida cuando el frío los confinaba en ella a veces durante días
o incluso semanas y no les permitía siquiera ver a sus vecinos.
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