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Comentario
El señor Walter Baxter fue durante mucho tiempo un ávido lector de historias de
crímenes y detectives, así es que, cuando decidió asesinar a su tío, sabía que no debería
cometer un solo error.
Y que, para evitar la posibilidad de caer en el error, la simplicidad habría de ser la nota
dominante. Simplicidad absoluta. Sin preparar ninguna coartada que pudiera fracasar. Sin
modus operandi complicado. Sin huellas.
Bueno, una huella pequeña. Una muy simple. También tendría que robar todo el
dinero que hubiera en la casa de su tío, para que el asesinato pareciera un accidente
producto del propio robo. De otro modo, como único heredero de su tío, él mismo sería
un sospechoso demasiado obvio.
Se tomó su tiempo para conseguir una pequeña palanca, de tal modo que nadie pudiese
seguir la pista de su adquisición hasta él. Le serviría tanto como herramienta como para
cometer el homicidio.
Planeó hasta el detalle más mínimo, sabiendo que no se podría permitir ningún error y
que, ciertamente, no lo cometería. Con extremado cuidado eligió la noche y la hora.
La palanca abrió la ventana con facilidad y sin hacer ruido. Entró a la estancia. La
puerta de la habitación estaba abierta, pero al no oír ningún sonido procedente del
interior, decidió terminar primero con los detalles del robo. Sabía dónde guardaba su tío
el dinero, pero era preciso provocar un cierto desorden: como si se hubiese producido una
búsqueda. Tenía suficiente luz de luna como para ver con claridad el camino; se movió
silenciosamente..
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