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Comentario
Tomábamos el té en casa de una señora amiga mía y se hablaba de esos dramas sociales que se
desarrollan ignorados del mundo y cuyos protagonistas hemos conocido, si es que no hemos hecho
un papel en algunas de sus escenas.
Entre otras muchas personas que no recuerdo, se encontraba allí una niña rubia, blanca y esbelta
que, a tener una corona de flores en lugar del legañoso perrillo que gruñía medio oculto entre los
anchos pliegues de su falda, hubiérasela comparado, sin exagerar, con la Ofelia de Shakespeare.
Tan puros eran el blanco de su frente y el azul de sus ojos
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| Autor : Becquer Gustavo A. |
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