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Comentario
Ocurrió bajo tierra.
En aquella malsana y húmeda cueva bajo Belgrave Square las paredes goteaban. Mas
¿qué le importaba eso al mago? lo que necesitaba era discreción, no sequedad. Allí
sopesó la marcha de los acontecimientos, determinó destinos y urdió brebajes
mágicos.
Durante los últimos años, la serenidad de sus reflexiones se había visto perturbada por
el ruido del autobús. Entre tanto, a su fino oído llegaba a lo lejos el estruendo y la
convulsión del tren subterráneo bajando Sloane Street; y lo que oía del mundo que
tenía por encima de su cabeza no decía mucho a su favor.
Un atardecer, allá abajo en su oscura y maloliente cámara con su horrible pipa, decidió
que Londres había vivido ya demasiado, había desaprovechado sus oportunidades; en
resumidas cuentas, había llevado demasiado lejos su civilización. Así es que decidió
destruirla.
Por consiguiente, hizo señas a su acólito desde el extremo cubierto de maleza de la
caverna y dijo: "Tráeme el corazón del sapo que mora en Arabia junto a las montañas
de Bethany". El acólito se escabulló por una puerta oculta, dejando a tan torvo anciano
con su espantosa pipa; y adónde se fue o por qué camino volvió, sólo lo saben los
gitanos. Mas al cabo de un año estaba de nuevo en la caverna, después de haberse
introducido en secreto por el escotillón mientras el anciano fumaba, trayendo consigo
una pequeña cosa carnosa que se descomponía dentro de un cofre de oro macizo
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