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Comentario
LA SUPERFICIE
AL OESTE DE TONGA
Durante mucho tiempo el horizonte había sido una monótona y lisa línea azul que
separaba al océano Pacífico del cielo. El helicóptero de la Armada avanzaba con suma
rapidez, volando bajo, cerca de las olas. A pesar del ruido y de la molesta vibración de las
palas, Norman Johnson se quedó dormido. Se hallaba cansado, pues durante más de
catorce horas había estado viajando en diversas aeronaves militares, y no era ésa la
clase de actividad que acostumbraba hacer un licenciado en psicología, de cincuenta y
tres años.
No tenía idea de cuánto tiempo había dormido. Cuando despertó vio que el horizonte
seguía siendo plano; hacia adelante aparecían semicírculos blancos de atolones
coralinos. A través del intercomunicador, preguntó:
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