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Comentario
Las imágenes arquetípicas ofrecen un rico reflejo de nuestra experiencia interior
y de nuestra interacción con el mundo exterior. Como descubrió Jung cuando fue
en busca de «el mito que le vivía a él», resulta transformador el encuentro con una
dimensión del inconsciente que es una fuente transpersonal, viviente y creativa, de
inagotable energía y orientación.
Muchos de nosotros, cuando por primera vez leemos a Jung, sentimos reconocer
inmediatamente la dimensión de experiencia para la que él usaba la palabra
arquetípico. Recuerdo la primera vez que le leí, cuando tenía veintipocos años y me
imaginaba completa y gozosamente definida por los papeles de esposa y madre. De
repente empecé a comprenderme a mí misma a medida que prestaba atención a mis
sueños, los cuales me introdujeron en una insospechada multitud de potenciales
inexplorados y pendientes de ser reconocidos y nutridos. También descubrí que
aquellos papeles tenían dimensiones arquetípicas y numinosas (tanto amenazadoras
como vitalizadoras) a las que había sido ciega por estar inmersa en sus aspectos más
triviales. El reconocimiento de que compartía con otros mis sentimientos más
profundos, mis más hondas esperanzas y temores, mis éxitos más valorados y mis más
deplorados fracasos, me dio un sentido totalmente nuevo de estar conectada con el
conjunto de la humanidad, no sólo mediante relaciones externas sino en el mismo
núcleo de mi ser.
Sentía que esta experiencia era muy real. Jung me había introducido a una nueva
palabra y, lo más importante, a una nueva visión de mí misma que reconocí a la vez
como liberadora y desafiante. Aunque tuve muchas reservas teóricas respecto a los
detalles de su exposición, la reflexión sobre la teoría junguiana de los arquetipos
continúa renovando mi gratitud por el modo en que nos ayuda -personal y
teóricamente- a trapasar los límites de una psicología exclusivamente basada en la
historia personal y los factores patológicos
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| Autor : Downing Christine |
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