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Comentario
Aquella noche, un joven intentaba caminar bajo los cielos enfurecidos del sinuoso sendero que se
extendía entre las aldeas de Deir Kizhaya y Sheik Abbas. Sus miembros estaban entumecidos de frío,
mientras el dolor y el hambre lo habían despojado de su fuerza. Su oscura vestimenta estaba blanqueada
por la nieve que caía, y parecía amortajado aún antes de la hora de su muerte. Luchaba contra el viento. Le
resultaba difícil avanzar, pues con cada esfuerzo sólo lograba adelantar unos pocos pasos. Gritó pidiendo
socorro y luego permaneció en silencio, aterido por el frío de la noche. Casi sin esperanza, el joven
consumía sus fuerzas bajo el peso del desaliento y la fatiga. Era como un pájaro de alas rotas, presa de los
remolinos de una corriente de agua que lo arrastraba hacia lo profundo.
El joven continuó, caminando y cayéndose hasta que su sangre dejó de circular, y finalmente desfalleció.
Lanzó un grito de horror... la voz de un alma que enfrenta el rostro hueco de la Muerte... la voz de la
juventud agonizante, debilitada por el hambre y atrapada por la naturaleza..: la voz del amor a la vida en el
abismo de la nada
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