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Comentario
Durán había levantado esa casa con sus propias manos, en tiempos en que no le dolía
arquear la espalda ni hombrear bolsas. La había construido en sus vacaciones de verano,
con la ayuda de un par de peones, desoyendo las protestas de su mujer y sus hijos. La
había equipado con todas las comodidades, parrilla, hogar de leña, cerámica italiana,
garaje doble.
Ahora recordaba esos veranos de trabajo con orgullo. Vivía rodeado de médano y playa.
Una vez por semana iba al pueblo en la camioneta para abastecerse, y todos lo decían
don Durán. Era don Durán y tenía su casa, su playa y su soledad, mientras muchos
amigos vivían una vida de deudas, enfermedades, nietos u otros incordios.
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