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Comentario
Allá en tiempo de entonces,
y en tierras muy remotas,
cuando hablaban los brutos
su cierta jerigonza,
notó el sabio elefante
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que entre ellos era moda
incurrir en abusos
dignos de gran reforma.
Afeárselos quiere,
y a este fin los convoca.
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Hace una reverencia
a todos con la trompa,
y empieza a persuadirlos
en una arenga docta
que para aquel intento
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estudió de memoria.
Abominando estuvo
por más de un cuarto de hora
mil ridículas faltas,
mil costumbres viciosas:
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la nociva pereza,
la afectada bambolla,
la arrogante ignorancia,
la envidia maliciosa.
Gustosos en extremo,
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y abriendo tanta boca,
sus consejos oían
muchos de aquella tropa
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