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Comentario
El vuelo 001 de Pan Am dejó atrás el claro de luna y descendió hacia el aeropuerto de
Nueva Delhi a través de las nubes y la oscuridad. Mirando el ala, Baedecker sintió que el
tirón de la gravedad se mezclaba con la tensión de un viejo piloto obligado a aterrizar
como pasajero. Cuando las ruedas rozaron la pista, Baedecker miró el reloj: las 3.47 hora
local. Sintió pinchazos de dolor detrás de los ojos al mirar las oscuras siluetas de los
depósitos de agua y los edificios más allá de la luz intermitente del ala. El enorme 747 viró
bruscamente a la derecha y carreteó hasta detenerse. El gemido de los motores se
ahondó y se apagó, dejando a Baedecker con el eco de su fatigado pulso en los oídos.
Hacía veinticuatro horas que no dormía.
Incluso antes de que la lenta cola llegara a la salida, Baedecker sintió la vaharada de
calor y humedad. Al bajar por la escalerilla al pegajoso asfalto, sintió el tirón de la
tremenda, masa del planeta bajo sus pies, aumentada por el peso de los cientos de
millones de almas desdichadas que poblaban el sub-continente, e irguió los hombros para
combatir el abatimiento
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