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Comentario
Cuando el rey don Juan de Portugal se vio forzado, en los primeros años del siglo XIX,
a refugiarse en el Brasil, tuvo, pues su majestad fue muy braguetero, por combleza o
manfla, querida o menina, a la más linda mulatica de Río de Janeiro, relaciones
pecaminosas que, a la larga, dieron por fruto un muchacho, lo que nada tiene de
maravilloso, sino de muy natural y corriente. ¡Esos polvos traen esos lodos! Entiendo
que la moza exprimió al rey don Juan, dejándolo con menos jugo que a limón de
fresquería.
Dicen las crónicas que Patrocinio, tal se llamaba la bagaza, era caliente y alborotada
de rabadilla, lo que la producía gran titilación y reconcomio en el clítoris.
Con ella, los cortesanos no tenían más que invitarla a beber una copa de onfacomelí
(licor africano), y ... a cabalgar se ha dicho ... Sospecho que Patrocinio era tan puta
como cualquier chuchumeca de Atenas; cuando a un hombre le venía en gana echar
un polvo con una de esas pécoras, no tenía para qué gastar palabras; bastábale con
cerrar el puño, levantando el dedo índice. Si la hembra no estaba con patente sucia, o
tenía otro compromiso ajustado, le contestaba cerrando el pulgar, en la forma de anillo
o círculo.
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