 |
|
Comentario
Había cuatro hombres en el bote salvavidas que descendió del crucero espacial. Tres
de ellos aún vestían el uniforme de los Guardias Galácticos.
El cuarto estaba sentado en la proa de la pequeña nave mirando hacia abajo,
encorvado y silencioso, embutido en un gabán para evitar el frío del espacio... un gabán
que no necesitará nunca más después de esta mañana. El ala de su sombrero estaba
calada sobre su frente, y estudiaba la playa cercana a través de unas gafas oscuras.
Vendajes, como los que se usan para una mandíbula rota, cubrían la mayor parte de la
parte inferior de su cara.
Se dio cuenta de repente que las gafas oscuras, ahora que habían dejado el crucero,
eran innecesarias. Se las quitó. Tras el gris cinematográfico que sus ojos habían visto
con las gafas durante tanto tiempo, el brillo del color debajo de él era casi como una
explosión. Parpadeó y miró de nuevo.
Se estaban acercando rápidamente a la orilla, una playa. La arena era deslumbrante,
increíblemente blanca, como nunca había visto en su planeta natal. El cielo y el agua
eran azules, y el borde de la fantástica selva era verde. Vio que había un resplandor de
rojo en el verde, al ir acercándose, y se dio cuenta de repente de que debía ser un
marigee, el loro semi-inteligente venusiano que una vez fue tan popular como mascota
en todo el sistema solar.
| |