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Comentario
Vuestra Magnificencia sabrá cómo por comisión de la Alteza de
estos Reyes de España partí con dos carabelas a 18 de mayo de 1499,
para ir a descubrir hacia la parte del occidente por la vía del mar
Océano; y tomé mi camino a lo largo de la costa de África, tanto que
navegué a las islas Afortunadas, que hoy se llaman las islas de Canaria;
y después de haberme abastecido de todas las cosas necesarias, hechas
nuestras oraciones y plegarias, nos hicimos a la vela de una isla, que se
llama la Gomera, y pusimos proa hacia el lebeche, y navegamos 24
días con viento fresco, sin ver tierra ninguna, y al cabo de 24 días
avistamos tierra, y encontramos haber navegado al pie de 1300 leguas
desde la ciudad de Cádiz, por el rumbo de lebeche. Y avistada la tierra,
dimos gracias a Dios, y echamos al agua los botes, y con 16 hombres
fuimos a tierra, y la encontramos tan llena de árboles, que era cosa
maravillosa no sólo su tamaño, sino su verdor, que nunca pierden las
hojas; y por el olor suave que salía de ellos, que son todos aromáticos,
daban tanto deleite al olfato, que nos producía gran placer. Y andando
con los botes a lo largo de la tierra para ver si encontrábamos
disposición para saltar a tierra, y como era tierra baja, trabajamos todo
el día hasta la noche, y en ninguna ocasión encontramos camino ni
facilidad para entrar tierra adentro, porque no solamente nos lo impedía
la tierra baja, sino la espesura de los árboles; de modo que acordamos
volver a los navíos e ir a tentar la tierra en otra parte. Y vimos en este
mar una cosa maravillosa, que fue que antes de que llegáramos a tierra,
a 15 leguas encontramos el agua dulce como de río, y sacamos de ella,
y llenamos todos los barriles vacíos que teníamos.
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