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Comentario
En primer lugar, quiero saludar a MEPLA y a Marta por el sexto aniversario del centro que dirige.
Creo que hay q ue reconocer el interés que, desde su nacimiento, esta institución le ha puesto a la reflexión, al
estudio sobre el trabajo comunitario, sobre las actividades del Poder Popular. Este libro que hoy presento y el
documental que ustedes acaban de ver, son un magnífico testimonio de eso, de los resultados que ellos han
ido alcanzando.
Quiero por cierto, felicitar a los autores del documental, porque los que hayan leído el texto se darán cuenta
que realmente logra de un mo do muy eficaz, necesariamente sintético, trasladar lo fundamental del estudio
realizado.
Creo que también es bueno, en esta ocasión en que estamos analizando los resultados alcanzados en el trabajo
comunitario, tener presente que hay experiencias similares en otras partes del país, y que ésta puede servir,
desde luego no para su reproducción -porque no todas las comunidades tienen los mismos problemas-, sino
porque creo que señala una línea, un camino que la vida nos va demostrando cada vez con mayor elocuencia
como el camino justo: el camino que no sólo nos permite encarar en mayor o menor medida los problemas,
las dificultades materiales y de otro orden que nuestro pueblo enfrenta hoy, sino que además -como creo que
se ha conseguido en la Comunidad Hermanos Cruz-, nos permite mejorar el ambiente y enriquecer la calidad
de la vida de todos los integrantes de esa comunidad.
En la dedicatoria de este libro se hace una justísima mención a los maestros que, con su generosidad,
sabiduría y pasión, son la fragua del porvenir.
Yo creo que, sobre todo, hay q ue destacar esta concepción de la educación con toda la integralidad que tiene;
de la escuela que no está -como bien se dice en el texto y se repite en el documental- donde está el edificio,
sino donde están los alumnos; y la concepción de la incorporación de todos los elementos de la comunidad
para encauzar la iniciativa de todos. Creo que también merece un reconocimiento especial la labor de los
delegados y en particular, la del presidente del Consejo Popular, que están indicándonos cómo se pueden y se
deben hacer las cosas para lograr que nuestro sistema sea cada vez más eficiente y responda más a nuestros
intereses y a nuestras aspiraciones.
En las condiciones de Cuba -en particular en este período de crisis-, necesariamente tiene que existir un
elevado nivel de centralización en un montó n de cuestiones fundamentales: sea en las decisiones relacionadas
con la aplicación de nuestra estrategia económica, sea con relación a las normas financieras; debemos velar
porque se mantengan y se respete una necesaria cohesión, una indispensable unión que pasa, inevitablemente,
por la centralización de las decisiones. Pero esto no contradice ni excluye el que busquemos, alentemos y
desarrollemos la más amplia incorporación de toda nuestra sociedad y de todos nuestros ciudadanos tanto al
enfrentamiento de los problemas inmediatos como a una cada vez más creciente, efectiva y sistemática
participación en la dirección de la sociedad desde la base.
Esa es, en última instancia, la esencia de lo que puede y debe entenderse en este mundo por democracia: el
ejercicio real de la autoridad por el pueblo; control y fiscalización efectiva de todos sobre la marcha de la
sociedad; participación real de todos en las decisiones que a todos conciernen.
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