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Comentario
Tengo la piel blanca. Cabello castaño claro. Ojos azules. Soy alto: un metro setenta y
ocho centímetros. Mi estilo de vestir tiende a lo conservador: chaquetas deportivas, pantalones
de pana, corbatas de punto. Uso gafas para leer, aunque constituyen más una afectación que una
necesidad. Fumo cigarrillos en moderada cantidad. A veces bebo alcohol. No creo en Dios; no
voy a la iglesia; no pongo reparos a que otra gente lo haga. Cuando me casé con mi esposa
estaba enamorado de ella. Estoy muy orgulloso de mi hija Sally. Carezco de ambiciones
políticas. Me llamo Alan Whitman.
Mi piel está manchada de suciedad. Mi cabello está seco, incrustado de sal y sarnoso.
Tengo ojos azules. Soy alto: un metro setenta y ocho centímetros. Llevo puesto ahora lo que
llevaba hace seis meses y huelo de modo abominable. He perdido mis gafas y he aprendido a
vivir sin ellas. La mayor parte del tiempo no fumo nada, pero cuando dispongo de cigarrillos, no
paro hasta terminarlos. Puede que me emborrache una vez al mes. No creo en Dios; no voy a la
iglesia. La última vez que vi a mi esposa me lo pasé maldiciéndola, pero he aprendido a
arrepentirme. Estoy orgulloso de mi hija Sally. No creo tener ambiciones políticas. Me llamo
Alan Whitman.
Conocí a Lateef en un pueblo devastado por un bombardeo de artillería. No me gustó
desde el momento en que le vi por primera vez, y evidentemente la impresión fue recíproca.
Pasados los primeros instantes de precaución, nos ignoramos uno al otro. Yo buscaba comida en
el pueblo, sabiendo que al haber concluido el bombardeo hacía muy poco no lo habrían
saqueado todavía. Aún quedaban varias casas intactas y las pasé por alto, pues la experiencia me
indicaba que las tropas solían saquearlas primero. Era más útil escudriñar los escombros de los
edificios a medio caer.
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| Autor : Priest Christopher |
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