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Comentario
EL MAGO DE MONTE U
El joven Lig no estaba arrepentido de nada. Todo cuanto había hecho era noble,
justo, altruista y generoso. Cruzó el Muro Alto por el agujero que el destino le franqueó y
penetró en el sagrado mundo de los seres rojos.
Si preciso fuera buscar un culpable, cabría señalar al terremoto que hendió la
muralla. Pero un terremoto no puede comparecer ante los Tribunales de Qu'ell, cuyos
visores penetran hasta el subconsciente, hurgan en la mente y extraen la verdad oculta.
La ley era inexorable en Bogvra (País de los blancos de Qu'ell) y Lig-Xix-201 lo había
estudiado en los Centros de Enseñanza.
¿Por qué lo hizo? ¿Curiosidad? ¿Instinto? ¿Visión premonitoria? ¿Mandato divino?
¿Necesidad?
Nada de esto. Roek, el Gran Sabio del Monte U, lo dijo:
—
Estaba escrito... La Gran Muralla se hendirá y un joven de Bogvra cruzará al mundo
de los seres rojos, provocando la Guerra Exterminadora así como su propia muerte.
¿Conocía el joven Lig aquella leyenda y se consideró el predestinado? No. La
ignoraba. Nadie se la contó, ni nadie se hubiese atrevido a ello. Bogvra era un mundo
grande, pero encerrado en sí mismo cuando el equilibrio de siglos acabó rompiéndose,
cuando no hubo más remedio que defenderse, luchando; cuando todo estalló Lig no fue
capaz de esquivar la saeta que los soldados del asado Verde le dispararon, hiriéndole de
muerte, la Leyenda surgió en Monte U, donde había morado Roek durante... ¿Siglos?
¿Quién era aquel asombroso mago, capaz de devolver la vida a los muertos, remover
los cielos y la tierra, escudriñar el tiempo, tanto el ido como el por venir, y hasta derribar
las murallas de Qu'ell?
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