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HA UNIVERSO CAUTIVO


 
Comentario
Cantar azteca Chimal echó a correr lleno de pánico. La luna todavía estaba oculta tras los riscos del lado oriental del valle, pero su luz ya plateaba los bordes de las cimas. En cuanto se alzase sobre ellas, se le podría ver tan fácilmente como a la sagrada pirámide que se levantaba entre el maíz que ya brotaba. ¿Por qué no lo había pensado? ¿Por qué había aceptado el riesgo? El aliento le rasgaba la garganta mientras jadeaba y corría, su corazón latía como un gran tambor que le llenaba el pecho. Ni siquiera el recuerdo reciente de Quiauh y de sus brazos enlazándolo con fuerza podía alejar el miedo que estremecía el mundo... ¿Por qué lo había hecho? Si por lo menos pudiese llegar al río, que estaba tan cerca. Sus sandalias tejidas se hundían en la tierra seca y lo empujaban adelante, hacia el agua y la seguridad. Un distante silbido persistente atravesó el silencio de la noche y las piernas de Chimal se aflojaron, dejándolo caer al suelo en un espasmo de terror. Era Coatlícue, la de la cabeza de serpiente. ¡Estaba muerto! ¡Estaba muerto! Allí yaciente, con los dedos aferrados incontrolablemente a los tallos del maíz que llegaban a la altura de la rodilla, luchaba por poner orden en sus pensamientos, para entonar su canto fúnebre, porque había llegado la hora de morir. Había violado la ley, por lo tanto, moriría: un hombre no puede escapar a los dioses. El silbido era más fuerte ahora y le atravesaba la cabeza como un cuchillo, no podía pensar y, sin embargo, debía pensar. Con un esfuerzo musitó las primeras palabras de cántico, mientras la Luna se levantaba sobre el borde rocoso, casi en el pleno, inundando el valle de luz brillante y proyectando una sombra negra de cada tallo de maíz que rodeaba a Chimal. Este volvía la cabeza para mirar por encima del hombro y allí, tan clara como el camino que conducía al templo, estaba la línea profunda de sus pisadas entre los surcos de maíz. Quiauh... ¡te encontrarán
Autor : Harrison Harry
 
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