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Comentario
De modo que llegaba a última hora, ¿eh? Y deseaba una conferencia, ¿no es eso? ¿Qué
se imaginaba aquel sujeto qué era su laboratorio, un hotel? ¿Y se creía tal vez aquel Martin
que su tiempo estaba a disposición del primer don Nadie que tuviese dinero para pagarse un
telegrama? Había formulado mentalmente una respuesta cortés pero negativa, cuando
observó que el telegrama había sido expedido desde un aeródromo del Middle West. Muy
bien, que viniese, pues. Douglas no tenía la menor intención de recibirle.
Sin embargo, su natural curiosidad le impelió a tomar su ejemplar del Quién es Quién
en la Ciencia, y buscar al ofensor. Aquí estaba: Martin, M. L.. bioquímico y ecologista, P. D.
Q., X. Z., N. R. A., C. J. O. - suficientes títulos académicos para seis hombres -. ¡Hum...!
Director de la Expedición Guggenheim para estudiar la fauna de Orinoco; autor de Simbiosis
colateral del gorgojo del trigo, étc., hasta llenar tres pulgadas de apretada escritura. Aquel
tipo parecía ser un peso pesado.
Un poco más tarde, Douglas se contempló en el espejo del lavabo de su laboratorio. Se
quitó su sucia bata blanca, sacó un peine del bolsillo de su chaqueta y se peinó
cuidadosamente su cabello negro. Una chaqueta sport a cuadros muy bien cortada, un
sombrero de ala inclinada y ya estaba listo para salir a la calle. Se pasó un dedo por la pálida
cicatriz que cruzaba una de sus morenas mejillas. No estaba mal, pensó, a pesar de la cicatriz.
Si no fuese por su nariz rota, estaría O. K.
El restaurante donde fue a cenar sólo estaba lleno a medias. No se animaría hasta
después de la salida de los teatros, pero Douglas apreciaba la orquesta de hot y la buena
comida que servían allí. Cuando terminaba de cenar, una joven pasó junto a la mesa y se
sentó de cara a él en otra mesa contigua. El la contempló atentamente. ¡Estupenda! Un tipo
como una bailarina de revista, abundante cabellera rojiza, una hermosa tez y grandes ojos
azules de mirada suave. Bastante sosa, al parecer, pero, ¿qué se podía esperar?
Decidió invitarla a tomar unas copas. Si las cosas iban bien, el Dr. Martin podía irse al
diablo. Garrapateó una nota en el dorso del menú, y le hizo una seña al camarero.
-¿Quién es esa chica, Leo? ¿Una de las artistas?
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