Comentario
Hasta luego y gracias por el pescado, imposible cuarto libro de la trilogía iniciada con la explosiva Guía del autoestopista galáctico, trata acerca de los habitantes de un planeta que todo el rato eran desdichados y mezquinos, acerca de las muchas soluciones sugeridas para ese problema (en especial, la circulación de papelitos verdes) y acerca de una muchacha que de pronto supo cómo convertir el mundo en un lugar agradable y feliz. Por desgracia, antes de poder contárselo a nadie, la Tierra fue súbitamente demolida para dar paso a una nueva vía de circunvalación hiperespacial...
Desde el inicio están garantizadas nuevas y desternillantes aventuras del extraterrestre Ford Prefect (al que nadie le acepta sus tarjetas American Express) y su amigo, el terrícola Arthur Dent, que esta vez desembocarán en una apoteosis surreal: la inmensa y plateada nave espacial que desciende en pleno Londres (y, de paso, hace añicos las tiendas Harrod´s) capitaneada por Marvin, el Androide Paranoide...
En fin, la historia tiene moraleja, aunque, según se nos dice, de momento al cronista se le ha olvidado. Ello no debe desmerecer la definición que Ford Prefect da en un momento de inspiración: "La vida es como un pomelo, algo amarillo anaranjado con hoyuelos por fuera y húmedo y carnoso por dentro."
Douglas Adams fue el creador de toda una serie de manifestaciones diversas y contradictorias de la Guía del autoestopista galáctico, que salió a la luz por primera vez en forma de novela radiofónica. Tras el rotundo éxito de la radionovela, el autor la convirtió en libro, y más adelante participó en las adaptaciones de la misma a series televisivas y teatrales, un juego de ordenador, cómics y toallas de baño. Douglas Adams dio conferencias y participó en programas de televisión en todo el mundo, además de colaborar activamente con la Dian Fossey Gorilla Fund y la Save the Rhino International. Adams nació en 1952 en Cambridge, Reino Unido, y vivió con su mujer y su hija en Islington, Londres, hasta que se trasladó a Santa Barbara, California, donde murió inesperadamente en 2001. Tras su muerte, la película del Autoestopista dejó atrás los bajos mundos de los guiones televisivos y ascendió hasta las altas cumbres de la producción, que se ha servido del guión original de Douglas Adams.
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