| Comentario
Once Historias sobre la victoria Alemana en la II Guerra Mundial
¿Qué significa pensar en nuestro mundo como surgiendo de una enorme serie de posibilidades del
pasado? ¿Es decir, alentar la noción de que nuestra situación es en principio precaria..., sensible a sucesos en
apariencia arbitrarios, aunque actualmente sellados por la historia con una aparente inevitabilidad?
Esta visión ha intrigado a gran número de escritores de nuestro siglo, muchos de ellos fuera del campo de
la ciencia ficción. J. C. Squire publicó en 1931 una recopilación, titulada
Si; o la historia reescrita
, que
contenía ensayos de personalidades tan notables como Winston Churchill, G. K. Chesterton, André Maurois
e Hilaire Belloc. Examinaban lo que podría haber ocurrido si, por ejemplo, ciertos asesinatos hubieran
fracasado, o si (un tema común en obras posteriores) el Sur hubiera ganado la guerra civil norteamericana.
Muchas novelas generales de éxito se han basado en las posibilidades de los «mundos alternativos», como,
por ejemplo,
The Alteration
, de Kingley Amis, que nos muestra un mundo donde fracasó la Reforma.
Imaginar senderos no tomados es un método de pensar en el impacto de la historia en el presente y de la
gente en la historia. Inherente a los incontables esquemas posibles se halla la batalla entre dos modos de ver
la historia. Hay aquellos que contemplan los grandes acontecimientos como algo inevitable, con las
actuaciones del azar a escala humana finalmente barridas si se sitúan en contra de la marea del tiempo. Otros
prefieren una visión más inquieta, en la cual un fallo de la mano de un asesino puede salvar una nación. Este
tipo de historias y artículos pueden convertirse en experimentos de
Gedanken
que iluminen uno u otro lado.
La primera utilización de los mundos alternativos apareció como ciencia ficción en la novela de Guy
Dent
Emperor of the If
(1926). Se trataba de una narración inmersa de lleno en el sentido de la maravilla,
cuyo poder derivaba de la sorpresa de la propia idea de los mundos alternativos. Más tarde, los escritores de
ciencia ficción consiguieron mucho más ocupándose de una posibilidad concreta y confiando en los métodos
de la novela realista. Entre las obras más importantes del género se halla la novela de Keith Roberts
Pavana
(
Pavane
, 1968), en la cual la reina Isabel I fue asesinada. A partir de ahí, los acontecimientos cayeron como
fichas de dominó: la Armada venció, la Reforma fracasó, y la Inglaterra de nuestros días es un país
tecnológicamente atrasado, postrado bajo una Iglesia católica militante. La novela de Ward Moore
Lo que el
tiempo se llevó
(
Bring the Jubilee
, 1953) sigue siendo el más conseguido tratamiento del Sur triunfante en la
guerra civil norteamericana. Incluso las novelas de fantasía, como
The Dragón Waiting
(1983) de John Ford,
han utilizado ese motivo.
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