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Comentario
La detecté en mi primera línea de alarmas cuando aún estaba muy lejos, apenas una
mancha en la última colina de plástico desde donde vigilaba a mis Enemigos. No le
perdí pisada en todo el camino, el largo camino hacia mi fortaleza, mientas ella, niñita
errante, llegaba acunando algo en los brazos infantiles. Por un instante mi memoria
retrocedió y pensé: «Es sólo Hermanita trayendo el Angelín a mi puerta.» Pero mis
pensamientos saltaron al AHORA cuando ella golpeó la puerta, y manipulé el botón de
armamentos hasta que todos los disparadores encañonaron mi Muro Exterior.
- ¡La contraseña! ¡Pronto! - grité, y sinceramente esperé que diera la correcta. De lo
contrario tendría que activar mis disparadores. Y tal vez no fuera uno de los proyectiles
rastreros que, según había oído, la Bruja había creado en los grandes laboratorios de
su valle de plástico. Tal vez no era una muñeca-bomba ambulante camuflada, diseñada
para volarme al cielo y a todos los vientos. Tal vez era realmente Hermanita, que de
veras había olvidado la contraseña secreta.
- ¡Delicia y solaz de la gloria matinal! - canturreó, aguda como una tachuela, y noté que
sus grandes ojos eran verdaderos y pensé que chispeaban amor. ¡Era una niñita!
- ¡Avanzar hasta Puerta 10 para reconocimiento! - Aliviado, abrí la undécima puerta
exterior. Ella atravesó las murallas mientras yo abría las puertas con el pulgar - Esperar
descontaminación - ordené, hablando todo el tiempo por el Gran Parlante, cuando ella
se detuvo ante la penúltima puerta, gordita y rechoncha en su traje espacial de juguete.
Chachareaba alegremente, chachareos de niñita; iba a ver a su papá. Pero yo debía ser
prudente. Ella podía ser una treta, una trampa caza-bobos. Volví hacia ella mis
inspectores y descontaminadores y le dejé atravesar todas las puertas menos la última,
siguiéndola atentamente con mis armas. Cuando se paró ante la última puerta le
pregunté:
- ¿Tienes un pase para estar aquí? ¿Bruja te escribió un papel?
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