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INTERES COMPUESTO


 
Comentario
El extranjero dijo en un italiano abominable: —Deseo ver al signor Marin Goldini por asunto de negocios. El conserje parecía desconfiado. Echó una mirada por el postigo a las ropas del visitante. —¿Asuntos de negocios, señor? —titubeó—. Quizás si usted me explicara la naturaleza del negocio, señor, yo podría informar al secretario de su excelencia, Vico Letta... El hombre dejó morir la frase en un murmullo indistinguible. El extranjero reflexionó. —Es una cuestión de oro —dijo al fin. Sacó una mano del bolsillo, la abrió y mostró media docena de monedas de oro. —Un momento, señor, ilustrísimo —barbotó rápidamente el sirviente—. Perdóneme. La ropa de usted, ilustrísimo... El hombre terminó la frase otra vez en un gorgoteo, y desapareció. Un instante después abría las puertas de par en par. —Por favor, ilustrísimo, su excelencia lo espera. Llevó al extranjero por una sala abovedada hasta un patio central con una fuente y unos arcos góticos que sostenían una escalera exterior y una balustrada esculpida. Subieron, atravesaron un oscuro umbral, y entraron en un pasillo mal iluminado. El sirviente se detuvo y golpeó ligeramente una pesada puerta de madera. Una voz murmuró en el interior. El sirviente abrió la puerta, esperó a que entrara el extranjero, y luego cerró y se retiró. Dos hombres estaban sentados tras una mesa de roble, toscamente tallada. El de mayor edad era robusto, de expresión dura y fría. El otro, alto y delgado, parecía amable y desenvuelto. Saludó inclinando levemente la cabeza y anunció: —Su excelencia el señor Marin Goldini. El extranjero saludó también con una torpe reverencia. —Mi nombre es... es Señor Smith —farfulló
Autor : Reynolds Mack
 
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