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JINETES DEL SALARIO PURPURAR


 
Comentario
Philip José Farmer es una de las pocas personas realmente buenas que yo haya encontrado nunca. Es un hombre gentil, con todas las implicaciones que comporta esta palabra en lo relativo a nobleza, sabiduría y humanidad. También es indestructible. Ha sido pateado por los maestros, y de alguna forma ha conseguido salir incólume de los embrollos. Ha sido robado por editores despreciables, criminalmente engañado por agentes ineptos, vergonzosamente ignorado por críticos sentenciosos, asaltado por las Furias del Azar y de la Mala Suerte, y pese a ello, pese a ello, ha conseguido producir quince libros de una importancia tan singular que es considerado como un "escritor de escritores", en un campo donde los celos y las envidias son el modus operandi que acuchilla las costillas del vecino. Phil Farmer ronda la cincuentena, tiene una voz suave y un formidable caudal de información sobre todo, desde arqueología hasta los hábitos nocturnos de sir Richard Burton (no el actor). Es un buen andarín de calles, gran bebedor de café, fumador de cigarrillos, apasionado de sus nietos. Pero, sobre todo lo demás, es un escritor de historias. Historias como The Lovers (Los amantes), que estalló en el campo de la ciencia ficción en un número de 1952 de Startling Stories como una explosión en una fábrica de aire comprimido. Hasta que Phil Farmer le echó una buena ojeada al tema, el sexo era algo confinado a las portadas de Bergey representando jóvenes muchachas de poderosos muslos llevando sujetadores de cobre. Ha examinado todas las facetas de la psicología anormal —parece—, en una forma adulta y extrapolativa que la mayoría de editores hubieran rechazado como imposible en 1951. Aquellos que consideran despreciable una tal hazaña, en un campo en el que la ausencia de genitales en Kimball Kinnison nunca pareció preocupar ni a editores ni a aficionados, sólo tienen que considerar que, hasta Farmer y el vigor de su obra, lo más parecido dentro del género a las exploraciones psicológicas eran las historias del doctor David H. Keller, que quedaban muy por debajo de los niveles alcanzados por, digamos, un Dostoievski o un Kafka
Autor : Farmer Philip
 
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